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Aprendiendo a atrapar a una… mujer

Contenido para adultos (18+). Este documento trata temas de sexualidad con fines informativos y está dirigido exclusivamente a personas mayores de edad. Si no eres mayor de 18 años, o este tema no es de tu interés, por favor no sigas leyendo.

Por Drawk Kwast

Todo el mundo sabe que la manera más fácil de aprender algo es «aprender haciendo». Un buen ejemplo es cuando aprendiste a atrapar una pelota. ¿Te acuerdas de tus padres enseñándote sobre trayectorias, coeficientes de resistencia aerodinámica y ecuaciones de gravitación? Probablemente no. Quien te enseñó lo más seguro es que te dijo que no quitaras los ojos de la pelota, que tuvieras las manos arriba y listas, y luego te la lanzó. Conforme seguía lanzándotela, algún mecanismo de tu cerebro tomó el control y aprendiste a atrapar.

Tal vez te sorprenda, pero tu cerebro no está diseñado para calcular montones de datos con ecuaciones matemáticas. La evolución lo configuró para entender las cosas mediante un sistema de técnicas basadas en la experiencia llamadas heurísticas. Son los verdaderos motores detrás del proceso humano de «aprender haciendo». Las heurísticas no son ecuaciones. Son trucos pequeños, simples, rápidos y poco elegantes, atajos que tu mente usa para entender su entorno.

Para atrapar una pelota se usa la «heurística de la mirada». Si observamos la actividad cerebral de alguien que atrapa una pelota, su cerebro no está resolviendo un sistema de ecuaciones diferenciales sobre las fuerzas que actúan en ella para predecir dónde caerá y dónde tendrá que estar su mano. Sin la ayuda de equipo científico, nadie podría calcular eso en tiempo real mientras la pelota va por el aire. El cerebro humano simplemente no puede. Así lo hace: usa los ojos para fijar la vista en la pelota mientras está en el aire, y el cuerpo se mueve para mantener el mismo ángulo de la mirada conforme la pelota se acerca. El resultado es una alineación entre tu cuerpo y la trayectoria de la pelota.

Es bueno saberlo, pero ¿qué tiene que ver con tener éxito con las mujeres?

Todo hombre sabe que no se aprende a atrapar una pelota investigando sobre ella: se aprende jugando a lanzarla y atraparla. Por alguna extraña razón, sin embargo, muchos parecen pensar que sí pueden aprender a atrapar mujeres investigando. No va a funcionar. Los seres humanos aprendemos haciendo. Claro, como al aprender a atrapar, hay buenos consejos por ahí, por ejemplo no parpadear justo cuando vas a atraparla; una pelota en la cara nunca es buena (en ningún contexto). Pero ten presente que si tu plan para ser bueno con las mujeres se parece a un padre que le enseña física avanzada a su hijo antes de lanzarle el balón, algo estás haciendo mal.

Entonces, ¿por qué los hombres lo hacen si no funciona?

Veamos un segundo ejemplo. Alguien que aprende a correr puede practicar por su cuenta. Mejorará su habilidad y, cuando decida competir en una carrera, su práctica dará frutos. Lo importante de este ejemplo es que puedes practicar sin el riesgo de fallar, porque practicas solo. La mayoría de los deportes son así: hay cosas que puedes hacer fuera del juego para afinar tus habilidades, sin la presión de perder. Cuando sientas que has mejorado, entras al juego y te arriesgas a perder, ya que te sientes listo.

Volverte bueno con las mujeres no es así. No hay forma de practicar sin hacerlo dentro del juego. O juegas o no juegas. Claro, lee el reglamento antes de jugar, pero date cuenta de que solo se practica dentro del juego. A los hombres les choca esto. La realidad es que, para volverte bueno, tienes que jugar como novato y fallar lo suficiente antes de aprender algo. Todos quieren evitar ese dolor de aprendizaje y, como resultado, la mayoría investiga de más, pensando que así le saca la vuelta. En realidad esto crea un ciclo de retroalimentación negativa. Si empiezas creyendo que necesitas comprender todas las ecuaciones antes de tener éxito, ¿qué pasa?

El primer problema es que, con internet, nunca sientes que has leído lo suficiente porque hay tanta información disponible que sigues leyendo. Es una riqueza de información que crea una pobreza de acción.

Conforme lees de todo, el siguiente problema es que empiezas a encontrar información contradictoria. Por cada gurú que dice una cosa, hay otro que dice lo opuesto. La única forma de filtrar esa información es hacerlo de verdad en la vida real, quedarte con lo que te funciona y tirar lo que no.

Luego viene otro problema, porque crees que el éxito con las mujeres está en comprender las ecuaciones. Lees, lees, lees y lees más. Por fin eliges a una chica para acercarte y probar lo que leíste. Cuando no funciona, te dices que obviamente no has leído lo suficiente y regresas a enterrarte en la investigación.

Este ciclo negativo empeora cada vez más, porque más investigación significa menos tiempo en público interactuando con mujeres reales. A estos chicos nunca se les ocurre que lo único que necesitan es tiempo con mujeres para sentirse cómodos con ellas. No es que el «material» que han estado leyendo no funcione: es que se han estado escondiendo en una cueva leyendo, y las mujeres perciben al instante lo incómodos que están.

Esta es la falacia de las líneas para abrir. Todos quieren ese opener mágico. Investigan para encontrar el encantamiento o el conjuro que conquistará de inmediato a la chica. Le escuchan de lejos a un tipo que es bueno con las mujeres, repiten las palabras que usó y luego se preguntan por qué a ellos no les funciona. No importa lo que dices, sino qué tan cómodo y juguetón eres al decirlo. Los hombres que son buenos con las mujeres se sienten cómodos con ellas, y eso no se consigue leyendo libros. Te dirán que no es tan complicado y que es tan fácil como aprender a atrapar una pelota: practicas y mejoras.

Si estás leyendo esto, dudo mucho que sea la primera investigación que haces para atraer mujeres. Ya sabes lo suficiente para salir y empezar a hablar con chicas. Necesitas pasar menos tiempo con la computadora y más tiempo hablando con ellas, donde aprenderás más haciendo, con la práctica. Sigue así hasta que llegues a un punto de estancamiento. Cuando eso pase, investiga para encontrar un camino más allá y, una vez que tengas la respuesta, deja de leer y regresa al mundo real. Enjuaga y repite. Esa es la manera de aprender. Por cada hora que pases leyendo sobre cómo interactuar con mujeres, deberías pasar no menos de cuatro horas interactuando con ellas. Mantén al menos una proporción de 4 a 1.

Así que… ¿cuánto tiempo te tomó leer este artículo?