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Por qué no debes compararte con otros

por Henrik Edberg.

“¡No deberías compararte con los demás!”, podría decirte la gente.

Por supuesto, sin una explicación esto es tan buen consejo como “¡Simplemente sé tú mismo!” o “¡Simplemente ten más confianza!”.

Lo más probable es que no ayude en absoluto. Entonces, ¿por qué no deberíamos compararnos con otros?

Una razón es que siempre hay alguien –o más probablemente, un montón de personas– mejor que tú.

Si enfocas tu mente en comparar tu vida con la de otras personas, siempre encontrarás a alguien nuevo por encima de ti. Y tu autoestima se llevará un golpe.

Si te compras un mejor coche para sentirte mejor que Bill Patterson, el vecino de al lado, te sentirás satisfecho por un rato. Al día siguiente, camino al trabajo, notarás que el tipo que siempre pasea a su perro caniche los fines de semana tiene un auto todavía mejor que el tuyo.

Y si seis meses después compras un coche mejor que el de él, pronto notarás que el chico Amberson de la esquina ha hecho millones con algún artilugio de internet y ahora va a la escuela en un Koenigsegg.

Una de las grandes razones por las que comparamos nuestra vida es para obtener aprobación. Y en general creo que querer la aprobación de los demás es un gran obstáculo tanto para el crecimiento personal como para vivir una vida feliz. Quizá queremos que los vecinos, los amigos, etc. piensen o digan: “¿Viste ese coche nuevo, esa alberca, esos zapatos? Es lo mejor de la cuadra. Está progresando en la vida”.

Un problema de compararte con los demás y querer su aprobación es que dejas que otros controlen cómo te sientes en la vida. Te sientes mal mientras ahorras para el coche nuevo. Te sientes de maravilla cuando por fin reúnes el dinero para llevarlo a casa. Y luego te sientes mal otra vez cuando ves que alguien más tiene un automóvil aún más fino.

Es un poco como ser un títere y tener a otras personas moviendo los hilos. Limitan tus movimientos y tu vida. Quizá tengas algo de movimiento, pero los hilos controlan hacia dónde vas.

Cómo obtener esa libertad interior

Lo que pasa con reducir tu necesidad de aprobación es que tienes que renunciar tanto a la aprobación positiva como a la negativa. Están conectadas, porque si ya no anhelas los aplausos y la aprobación de la gente, tampoco tendrás miedo de no obtener esa aprobación.

Cuando de verdad empieces a soltarlo –lo cual quizá tenga que hacerse con el tiempo y con paciencia, pues tu ego probablemente querrá volver a buscar esa dulce, dulce aprobación– empiezas a darte cuenta de que ninguna de las dos es tan importante. En realidad solo son tan importantes como tú decidas. Eres lo que piensas que eres y el mundo es lo que piensas que es.

Otra manera de liberarte es hacer algo drástico y contundente. Por ejemplo, en lugar de manejar tu coche, empezar a ir en bicicleta al trabajo. Esto podría catapultarte directo a la desaprobación y sacarte rápidamente de tu zona de confort. Cuando sales por primera vez de tu zona de confort es incómodo. Pero después de un tiempo te acostumbras y la incomodidad empieza a disiparse.

Si pruebas este método, quizá descubras que a la gente le importa menos de lo que temías: tal vez están ocupados preocupándose por sus propios problemas y por lo que los demás piensen de ellos. O puedes descubrir que has tenido un efecto positivo en otros. La próxima semana quizá no seas el único que va en bicicleta al trabajo.

Una tercera forma es una que descubrí recientemente en el dvd de Eckhart Tolle “El florecimiento de la conciencia humana”. Es un poco contraintuitiva, pero ten paciencia conmigo.

Cuando sientas algo que no quieres sentir, como la necesidad de la aprobación de alguien, no luches contra ese sentimiento. No trates de mantenerlo fuera. Así solo se enredará más en tu mente e incluso podría fortalecerse.

En cambio, acepta el sentimiento. Dile que sí. Ríndete y déjalo entrar.

Observa el sentimiento en tu mente y en tu cuerpo sin juzgarlo. Si simplemente lo dejas entrar y lo observas durante uno o dos minutos, sucede algo maravilloso. El sentimiento simplemente se esfuma. Sí, ya sé, suena raro, pero inténtalo.

Lo curioso es que cuando ya no necesitas la aprobación de los demás, cuando dejas de compararte con otros, tendrás una mayor libertad interior para hacer lo que quieras. Notarás oportunidades positivas en tu vida que antes no estaban.

Y, como siempre, no te sientas demasiado mal ni te castigues si vuelves a querer aprobación. Simplemente retoma el camino al día siguiente, sigue adelante y poco a poco cambiarás.